La casa

Por varias horas Cerridwen se escondió en el sótano de su oficina, no estaba lista para encarar a nadie… No podía creer que había traicionado a la Orden, pero ¿qué podía hacer? Jamás en la vida iba a permitir que algo le pasara a Barty … Barty el mortífago. Muchas cosas tenían sentido ahora.

Cuando se pudo levantar se desapareció y apareció en su casa. Todo estaba en silencio, nadie estaba ahí. Como acostumbraba protegió su casa dejando únicamente oportunidad para que él se apareciera.


Recordó todas las veces que él sufría cambios de humor repentinos, que le decía que estaría mejor sin él y como apretaba la mandíbula cuando en el ministerio se tocaba el tema… era fácil ver las señales. Pasó horas reflexionando el tema, lo que podría hacer, qué iba a decirle… no llegaba a ninguna conclusión.


Cerca de las 4 de la mañana, un halcón se proyectó en su sala, era el patronus de Barty con un mensaje en el que preguntaba si podría aparecerse ahí o la Orden lo estaba esperando para sentenciarlo. El patronus de ella salió con la malhumorada respuesta.


Por fin se apareció, su ropa rasgada, su rostro sucio, mostrando en la mejilla la herida que ella hizo al retirarle la máscara, no pudo evitar darse cuenta que había dado una gran pelea… pero ahora venía la real.


-Buenas noches- dijo con voz queda


-Hola McAllister- respondió Barty, temblaba por dentro, no sabía a qué enfrentarse. Pero no sería él si no pudiera fingir que no le importaba – sólo vine por.. no importa, si tienes algo que decir dilo de una vez, no tengo tiempo para discutir.


-Que novedad-respondio ella sarcástica, pero sabía que si ella no empezaba a hablar jamás tocarian el tema.-No voy a preguntar por qué porque conozco la respuesta, pero

-¿Crees que me conoces?- la interrumpió desafiante – está noche debería demostrarte que no sabes nada de mí. Desde que te conocí sirvo al señor tenebroso y eso no va a cambiar por tí – se detuvo y la miró fijamente – aunque jamás quise herirte, no me arrepiento de lo que he hecho aunque lamento haberte herido, lamento que me vieras así.


Kerry lo observaba en silencio y eso lo estaba matando
-Termina de una vez con esto-


-Se que hoy se acomodaron varias piezas que no encajaban antes,- por fin habló- tus salidas misteriosas, tus crisis de conciencia y tus cambios de humor


-Ahorratelo McAllister- Barty seguía a la defensiva- ya te dije que no me conoces, pero yo a ti sí, siempre has creído en Dumbledore, siempre quisiste trabajar en el ministerio, estar del lado de la ley, una boda de ensueño y una vida tranquila- se llevó las manos a la cara -y lo mereces, pero yo no soy así, odio estar en el ministerio, creo en lo que persigue Lord Voldemort y desde que salí de la escuela recibí la marca! – se levantó la manga y le mostró el antebrazo- represento todo lo que odias y sé que no quieres saber más de mi.

-Eres tú quien no me conoce- dijo ella con tensa calma – amo mi trabajo y que esté en el ministerio es más por accidente, no estoy de acuerdo con los ideales de Voldemort y menos porque lastimó a mi familia, no estabas en mis planes, pero pase lo que pase yo siempre te voy a amar.

Se acercó a él y acarició su mejilla cuando Barty volteó la mirada.

-Y si te conozco, y sé que me amas también, lo sé por tu reacción hoy, lo sé por tu patronus, lo sé porque me lo demuestras aunque no de una manera tradicional.


Comenzaron a besarse intensamente, despojándose de su ropa en automático, no existía lujuria pero no conocían otra forma de expresar lo que sentían, caricias más elocuentes que palabras, besos que gritaban la desesperación y el miedo que ambos sintieron esa noche, de perderse, de separarse, de sentir el rechazo y el odio del otro. Se fundieron en uno solo para impedirlo, para ocupar el mismo espacio, porque no deseaban separarse jamás.


Los primeros rayos del amanecer llegaron cuando él permanecía en ella, cubriéndolos de esperanza, habían logrado acabar con los fantasmas de la noche anterior. Poco a poco recuperaron su respiración. Tomados de la mano y recostados en el piso. 

-Nuestra vida cambió- dijo Cerridwen sin saber lo que vendría

-Lo haremos funcionar- sonrió Barty – si esto no nos separó nada lo hará Kerry.- apretó su mano y besó sus párpados regalandole su mejor sonrisa 

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