Encuentros

Lo recuerdo como si fuera ayer,  mi corazón latía con fuerza mientras subíamos a la habitación,  tenía temor de estrechar tu mano, a la vez no quería estar alejada.

Abriste la puerta y entre a la habitación más lujosa que había visto,  una cama amplia en el centro de la habitación,  dos sillones al rededor de una mesa redonda, sobre la que estaba una botella de champagne con dos copas.  Pero lo más impresionante era la vista, la ciudad iluminada en su más vasta expresión,  vibrante,  seductora, eléctrica.

Recuerdo que me quedé absorta contemplando la ciudad mientras tu desabrochabas mi vestido,  tus manos  suaves recorrieron mi espalda desnudándome poco a poco, como si desenvolvieras un regalo delicado, pero aún no estaba lista para esa pasión,  mis heridas a flor de piel, tanto las causadas por ti como aquellas que recuerdan otros amores. Temblaba de miedo.

Quizá lo intuiste porque el roce de tus manos cambio,  comenzaron a  tocar con delicadeza, tus labios depositando suaves besos en mis  hombros mientras me girabas suavemente para  verte. Nuestros ojos se encontraron y entonces decidiste desnudarte frente a mi,  no era pasión, era sinceridad,  desnudos los dos pusiste una melodía en tu celular y me tomaste entre tus brazos.

Conmigo abrazada comenzaste a bailar, nada más , pude entonces respirar tu esencia y sentir a flor de piel lo que sentías por mi,  sin palabras, sólo el suave movimiento  y el latir de tu corazón, su pecho subiendo y bajando mientras yo estaba entre tus brazos.

Nunca antes me sentí tan feliz

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